sábado, 9 de febrero de 2008

MARCELO MARTINEZ TRANSEUNTE DE LOS CAMINOS DEL AJO


Marcelo Martínez (*), abandonó la escuela cuando faltaban dos meses para la finalización del ciclo lectivo 2005. Por tercera vez cursaba el noveno año en la Escuela de Puente de Hierro, en Guaymallen, de la provincia de Mendoza.

Marcelo Martínez, un muchacho de una inteligencia diferente, pelo de noche, piel de salitre y mirada de altiplano, debía ayudar como desde hacía cuatro años a sus padres y siete hermanos. Marcelo Martínez era un chico diferente, algunos docentes decían que vivía en la luna, pero los que lo conocían sabían que Marcelo Martínez , pasaba el tiempo imaginado futuros, -voy a ser estrella de fútbol, y médico- solía decir. Hasta que cada Noviembre de cada año, la realidad lo venía a buscar. – No tengo opción y a mi familia debo ayudar- decía Marcelo Martínez, dejando en claro que el trabajo en los galpones de ajo, era prioridad.

Entonces Marcelo Martínez, mutaba de una conducta de eterna infancia escolar¨; a una adultez prematura….

Marcelo Martínez no regresaría ese año se fue sin rendir los exámenes finales, volvería el año siguiente para cursar por cuarta vez el noveno año.

En la escuela comentaron que Marcelo Martínez salía a las seis de la mañana de su casa de hornero, por el camino de polvo y grietas, hasta los galpones de ajo donde compartía con sus padres una larga jornada laboral.

Marcelo Martínez es uno de los tantos adolescentes que abandonan la escuela para sumarse como mano de obra barata a las cosechas, que empiezan con el ajo y terminan en marzo en la vid.

El padre de Marcelo Martínez en los años 80 había sido agricultor en una finca familiar de cinco hectáreas. En los años 90 el padre de Marcelo Martínez acosado por deudas, altos costos de producción y escasa ganancia, vendió sus tierras a una bodega de capitales Franceses. Convertido en un agricultor sin tierra y sin trabajo, emigro ya con sus pequeños hijos a la ciudad. Alguien le pasó el dato que en los terrenos recién abandonados por El Ferrocarril Gral. San Martín había lugar para los agricultores sin tierra y sin trabajo. El papá de Marcelo Martínez no lo dudó; se instaló sin quererlo en plena ciudad capital de Mendoza…. había llegado a la ciudad a trabajar, alternando entre diversas changas junto a su querida carretéela (único bien que pudo salvar de la herencia familiar). Mientras la madre de Marcelo Martínez trabajaba jornada completa como empleada domestica.

Marcelo Martínez contó alguna vez en la escuela, que era feliz en aquel lugar, alternando juegos en vagones abandonados del Ferrocarril con el cuidado de sus hermanos menores.

En 2001 llego el desalojo, - no nos dejaron ni en la en la vía- decía Marcelo Martínez. La Familia Martínez fue enviada de nuevo a una zona rural, llamada Puente de Hierro en Guaymallen, Mendoza.

Se fueron con la promesa de que la Municipalidad les daría ahí un terreno y una casa prefabricada; prefabricada que nunca llego por lo que sus padres construyeron una amplia vivienda de hornero.

A Puente de Hierro llegaron muchos de sus vecinos desplazados del Ferrocarril y otras personas desalojadas de otros lugares de la ciudad Capital. El nuevo lugar donde vivir era atravesado por calles que no llevaban a ningún lugar, en tierras de salitre sin agua y cercano a unos de los basurales de la ciudad, ahí empezó la Familia Martínez un nuevo andar.

Desde Noviembre de 2005 no supe nada mas de Marcelo Martínez, hasta el otro día; que lo volví a ver pero esta vez por televisión. ¡Si vi a mi ex alumno Marcelo Martínez!, ya con barba pelusa en su rostro, con su infaltable bici, junto sus padres mientras eran reprimidos por la Policía Local , ¡si reprimidos ¡ ¿Por qué? .Porque pedían mejores condiciones laborales en los Galpones de Ajo.

Ahí estaba el muchacho de una inteligencia diferente, pelo de noche, piel de salitre y mirada de altiplano. ahí estaba, ahora si ya retenido para siempre en la adultez, no tenia la mirada del mil lunas, si no de mil certezas, en sus manos no tenía una pelota de fútbol , no tenía un delantal, solo piedras de rabias, y el cansancio de esperar un futuro que le era esquivo en llegar.

¡Lo vi en TV, a Marcelo Martínez , mientras era reprimido por la policía local! Lo vi junto a su familia, era golpeado por bastones largos, mientras estaba peleando por un lugar en esta sociedad, golpeado por solicitar no ser mano de obra barata, pidiendo no ser engañado por empresarios que profanaron con salarios de hambre sus estudios y su infancia.


Moyano Ulises

Docente

Dni 22.903594



(*) Mariano Martínez es un nombre ficticio para una historia real


1 comentario:

Divergente_1 dijo...

Ay Ulises! Tu relato sobre Marcelo Martinez es terriblemente doloroso. Cuántos Marcelos Martinez tenemos en cada una de las ciudades de nuestro país!!

No creas que eso pasa solo en Mendoza. En Buenos Aires la diferencia entre el Norte y el Sur de la misma ciudad hace que la tasa de mortalidad infantil en el Sur triplique a del Norte.

Creo que lo único que podemos hacer los que no tenemos el poder político para cambiar esa situación es seguir trabajando para los chicos todo lo que podamos desde el lugar en el que estemos. Y hacer lo que vos haces: comunicar.
Nueva Mirada te acompaña y veremos qué se nos ocurre para juntar esfuerzos y volontades.

Además escribís muy bien, desde el corazón.

Cariños.

Susana Velleggia
Directora
Festival Internacional de Cine Nueva Mirada
para la Infancia y la Juvetud

Presidenta
Asociación Civil Nueva Mirada
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